Ilustrar un kamishibai no es nada fácil. Hay que tener en cuenta que las láminas se vean desde lejos, que los fondos no distraigan la atención, los movimientos de los personajes y un montón de detalles más que a la hora de sentarse a dibujar pueden resultar abrumadores. Así que comimos un budín esponjoso, recurso muy útil en el taller a la hora de enfrentar grandes desafíos; preparamos el papel, los lápices, las plumas y la tinta azul y nos pusimos a trabajar
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